
Y llega otra ves, después de dos años, el momento de mudarse, de crear otro micro ecosistema al rededor nuestro y comenzar desde cero en otro lugar. TodavÃa el cariño/trastorno de la mudanza de hace dos años. Esta ves es distinto, no se trata de una casa desconocida donde vivieron otras personas anónimas. Esta casa tiene su historia impregnada en cada rincón, y curiosamente esa historia es la mÃa, ya que en la casa donde me voy a mudar temporalmente por los siguientes dos años, es la casa donde pasé el 80% de mi vida, al lado de mis viejos, donde vivÃan mis tÃas, dos ancianas solteronas que se encargaron de criar a mi vieja desde que era chica. Eran más de dos, aunque cuando nacà yo solo quedaban éstas dos. Pero no eran un par de viejas cualquiera, eran piolas, y guardo muy buenos recuerdos de ellas. AllÃ, en esa casa, jugué todo el dÃa en su patio, jugué con un millón de gatos que tuve durante toda mi vida, jugué al dominó con mi TÃa Carola, jugué al Tetris cuando me llevaba para allá el Family Game, mientras mi TÃa (aclaro que tenia como unos 80 años), miraba y me decÃa qué ficha me hacÃa falta para hacer lÃnea. En fin, en esa casa pasé mucho tiempo, la conozco, es parte mia. Esa casa tiene un patio grande, lleno de canteros y flores y plantas, y les aseguro que no habÃa diversión más grata que pasar la tarde jugando con hormigas y un magiclick (aaa, la combinación adecuada).

Pero (y obvio que hay un pero, que se piensan que todo es lindo y gratuito), como el Anillo Único de Poder, esa casa es la bendición, es la maldición, es el Daño de la familia, el objeto de deseo de todos y que nadie tiene. Todo lo que tenga que ver con los intereses de esa casa remueve la mugre, la envidia, la bronca y lo peor de cada uno de los integrantes de la familia. Porque a todos nos hizo falta, pero nadie la tuvo. Sin embargo nos hace falta, no tanto, pero nos hace falta, el lugar, el espacio, el patio, la cochera, el precio, y caminando de puntas de pies con mucho cuidado, tuve que tragarme el orgullo y ofrecer un trato para alquilarla.

El costo psicológico que ésto implica es gigante, inmenso, mudarme a esa casa me va a dejar huellas cerebrales profundas por mucho tiempo, tanto como para pensarla 5 veces antes de alquilarla, tanto asà que todavÃa no se porqué todos quieren esa casa, si a la larga puede llegar a ser terrible.
Sea lo que sea lo que nos vaya a pasar en esa casa, lo pasaremos los 4, desde cero, como siempre, como cada dos años.
PD: algo que siempre quise hacerle a ese patio, fue sacarle todos los canteros y plantar césped, lo cual hice. Y cavando, cavando… encontré uno de esos tesoros de la infancia, enterrado por ahÃ. Como dije, era mi patio de juego.
